¿Qué Nos Separará de Su Amor?

Me mudé de Seattle a Los Ángeles cuando tenía 21 años de edad. Estaba convencido de que todo lo tenía resuelto. Dejar a mis padres, hermanas y familia extendida no afectó mi decisión. Me iba a vivir a fuera de la ciudad por mí mismo.

Llamé a mis padres para avisarles que llegué con bien. Al principio llamaba casi cada día; dándoles actualizaciones de lo que estaba haciendo, donde estaba viviendo, a quien había conocido. Sin embargo, mayor era mi independencia, me acostumbre a vivir una vida separado de ellos, más y más separada era mi comunicación.

No era mi intención conectarme o comunicarme menos, solo que mientras más creía en mi habilidad de salir adelante por mí mismo, menos sentía que necesitaba a mis padres.

Encontraba raro que mi mama se frustrara conmigo por mi falta de comunicación en semanas. Pensaba “si algo está mal, yo te lo dejaría saber.” Ocasionalmente mi papá me hablaba diciéndome que llamara más seguido. Así que lo hacía, pero después dejaba de llamar por un mes. Entraba en problemas y mi situación no estaba tan bien, así que me comunicación volvía a mejorar por una temporada. Entonces cuando me sentía confidente de nuevo, mi comunicación con ellos paraba.

Finalmente, en una conversación telefónica nocturna, mis padres expresaron su frustración al no saber que ocurría conmigo. Me explicaron cuanto me amaban y cuanto se preocupaban por mi vida, no solo las grandes noticias sino los pequeños detalles.

Mejoró mi comunicación, pero no entendí hasta que me convertí en padre.

Mi proximidad con mis hijos no determina mi amor por ellos. Ellos pueden estar donde sea, haciendo lo que sea, y mi amor por ellos seguiría tan fuerte como nunca. Pueden ser desobedientes, romper las reglas que han sido establecidas para su propia protección, o pueden ser irrespetuosos; y mientras todos esos comportamientos pueden ser frustrantes, mi amor por ellos no cambia.

Una vez que entiendes eso, pone tu relación con Dios en una nueva perspectiva.

Mira este verso:

2 Corintios 6:18 (NVI)

18 “Yo seré un padre para ustedes,
y ustedes serán mis hijos y mis hijas,
dice el Señor Todopoderoso.”

Dios nos llama hijos e hijas. El amor de Dios es comparado al amor de padres a hijos. Dios desea conectarse contigo de la misma forma.

Aún hoy, no importando tu proximidad con el, su amor permanece inmutable por ti.\

Romanos 8:38-39 (NTV)

38 Y estoy convencido de que nada podrá jamás separarnos del amor de Dios. Ni la muerte ni la vida, ni ángeles ni demonios,[a] ni nuestros temores de hoy ni nuestras preocupaciones de mañana. Ni siquiera los poderes del infierno pueden separarnos del amor de Dios.39 Ningún poder en las alturas ni en las profundidades, de hecho, nada en toda la creación podrá jamás separarnos del amor de Dios, que está revelado en Cristo Jesús nuestro Señor.

El amor de Dios por ti no depende de tu comportamiento, o en donde te encuentras o aún cuan digno te sientes de su amor. Su amor no puede ser separado de ti.

A menudo tratamos a Dios como un padre que vive en otro lado del continente. Le llamamos cuando lo necesitamos; cuando estamos en temporadas difíciles; cuando estamos pasando por algo mayor. Pero Dios, con su corazón genuino de Padre, se interesa por los pequeños detalles de tu vida de la misma forma que por las grandes noticias.

No importa la distancia que crees que existe entre tú y Dios, Él está ahí; esperando para que su hijo le llame.

No es demasiado tarde, no estás tan alejado como piensas, y no has hecho lo suficiente como para que Él ya no te ame.

Nada nos puede separar de su amor.

Greg Hartmann

Greg Hartmann

Pastor - Ministerios de Compasión & Northplace Students