Dios Es Nuestro Refugio y Fortaleza

Salmo 46:1-3 NTV

Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza;
siempre está dispuesto a ayudar en tiempos de dificultad.
Por lo tanto, no temeremos cuando vengan terremotos
y las montañas se derrumben en el mar.
¡Que rujan los océanos y hagan espuma!
¡Que tiemblen las montañas mientras suben las aguas!

 Como gente de fe, estamos más predispuestos a esperar por lo mejor en la vida. Pero si somos honestos, y vivimos lo suficiente, todos experimentaremos algún tipo de calamidad, problema o tormenta en nuestras vidas.

Pudiese ser una llamada a la mitad de la noche – que nunca traen buenas noticias – acerca de la salud de un padre o madre. Pudiese ser una conversación con tu jefe que termina en el despido de tu trabajo. Pudiese ser un chequeo médico rutinario que revele algo más serio.

Vivimos con la expectativa de lo mejor, pero sabemos que la vida es temporal e insegura. La Biblia nos dice que “en este mundo tendremos problemas” (Juan 16:33). No importa cuán exitosos, adinerados, educados, o inteligente seamos, todos nos encontramos con demoras en el camino de la vida que nos dejan el corazón roto, imprevistos que nos ocurren, eventos que nunca hubiésemos podido anticipar, secretos que nunca imaginamos.

Las tormentas usualmente vienen inesperadas – algunas veces parecieran que salen de la nada. Cuando era más joven, amábamos ir a la playa o al lago a disfrutar de practicar esquí acuático o conducir botes. En un hermoso día de verano, estábamos a una distancia larga de la orilla cuando de repente, azotó una tormenta con truenos y ráfagas de viento, el cielo se oscureció y las aguas se volvieron agresivas. Nos dirigimos a la orilla lo más pronto posible y llegamos sin rasguños a un lugar seguro.

Cuando estaba en mis treintas, recibimos una llamada que mi madre había sido trasladada al hospital. Había sufrido un ataque cardiaco. En ese tiempo en mi vida, mi madre era mi mejor amiga. Hablábamos a diario. Pasamos la semana en el hospital orando por su recuperación, pero al finalizar la semana, ella se fue al cielo con el Señor. Mi mundo se derrumbó y recuerdo voltear a mirar a Dios con todas mis preguntas. Ella no estaría ahí para ver a mis hijas graduarse o casarse. No entendí porque Él se la había llevado a tan temprana edad – ella tenía 58 años. Pero Dios me consoló y con el paso del tiempo me ayudó a sanar y ahora estoy agradecida por el tiempo que la tuve.

¿Cómo respondemos cuando nuestro mundo parece derrumbarse, cuando recibimos el reporte malo del médico, o escuchamos noticias devastadoras acerca de alguien a quien amamos? Nuestra respuesta natural es experimentar miedo. Cualquier persona que ha recibido un reporte de cáncer puede decirte acerca del miedo que trata de dominar el corazón y pensamiento de uno.

Pero como creyentes, tenemos esperanza. Cuando conocemos a Dios y su infalible amor por nosotros y corremos hacia Él, podemos estar confiados en cada circunstancia de nuestra vida. Tenemos un lugar fuerte al que podemos correr para resguardarnos, el refugio para cada tormenta de la vida. ¡Dios es nuestra ayuda! Él está con nosotros a través de cada lucha y conoce cada dolor. No importa lo que enfrentemos, podemos estar confiados. ¿Por qué? Porque Dios siempre está dispuesto a ayudar. La ayuda presente indica su proximidad aún en medio de los problemas. Él está con nosotros.

Nuestra oración es que Dios restaure nuestra esperanza y nos permita confiar en Él mas profunda y completamente en todas las áreas de nuestra vida.

El Señor se deleita en los que le temen,

en los que ponen su esperanza en su amor inagotable. (Salmo 147:11 NTV)

 

-Donna Peters