Correrán y No Se Cansarán; Caminarán y No Desmayarán.

¿Puedes recordar un tiempo cuando uno de tus hijos estaba en necesidad, pero tú no lo podías consolar? Tal vez estaban hambrientos o necesitaban de ir al baño. Recuerdo observar a una madre de niños pequeños en un restaurante mientras ellos se le subían a ella como un juguete de jardín, “¡esperen, espérense!” Pero ellos no le hacían caso.

Creo que el mejor ejemplo de espera lo podemos ver con un bebé. Los recién nacidos no pueden entender las palabras de sus padres, pero pueden oír sus voces. No pueden entender la retórica verbal, pero pueden ser consolados por el sonido de sus voces. Los bebés no pueden distinguir entre sarcasmo y emoción honesta, aun así, responden a la atmósfera que se siente en el cuarto. ¿Cómo es posible que los bebés pueden esperar aun cuando no entienden o comprenden? Confianza.

Nuestra habilidad de esperar es directamente proporcional a nuestra fe y confianza en nuestra fuente

Isaías 40:31 dice:

En cambio, los que confían en el Señor encontrarán nuevas fuerzas;
volarán alto, como con alas de águila.
Correrán y no se cansarán;
caminarán y no desmayarán. (NTV)

“ pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.” RVR 60

El Salmo 131:2 nos pinta una imagen de la confianza de un bebé.

Todo lo contrario:
he calmado y aquietado mis ansias.
Soy como un niño recién amamantado en el regazo de su madre.
¡Mi alma es como un niño recién amamantado!

Como adulto, maduro o joven, ¿cómo puedo permanecer plantado firme? ¿Cómo adquiero y mantengo la fuerza necesaria para terminar? ¿Cómo mantengo el rumbo? La respuesta se encuentra en Isaías 40. Los que esperan… En la tensión entre la promesa revelada y la promesa cumplida, aprendemos a esperar en el Señor. Solamente después de eso, podemos volar con Él (Él ha sido y seguirá siendo mi corriente ascendente) y correr sin descansar, caminar sin desmayar. El himno antiguo dice, “Enséñame Señor, enséñame Señor a esperar.” Esperar es una lección, una disciplina aprendida.

Igual que el bebé confía en sus padres y al igual que el águila confía en esa columna termal invisible, nuestra confianza en Jesús es necesaria para tomar el vuelo ascendente de su gracia. En la espera podemos evitar la fatiga y el cansancio provocados por la vida.

Esperar no es inactividad. Esperar es activamente remontarte o posicionarte para la corriente ascendente de la gracia de Dios. Mi oración, como comunidad de creyentes, es para que posicionemos nuestros corazones durante esta temporada de ayuno para esperar en el Señor.

Taylor Dufrene

Taylor Dufrene

Pastor - Ministro Asociado