Corre Hacia El

Hay algunas memorias, que no importa la edad, nunca las podrás olvidar. Una memoria para me es de cuando yo tenia 6 años de edad. Estaba en el supermercado con mi mamá y hacia lo que cualquier niño preescolar haría, preguntando por cosas y queriéndome subir al carrito del mandado. Lo que en realidad quería, era ir a la repostería y comer de las muestras gratis que siempre tenían ahí.

Pero ese día, mi mamá estaba apresurada. Íbamos a comprar lo necesario y salir. Eso no iba a funcionar para mi mente de 6 años, así que cuando mi mamá torno la espalda, yo corrí a la repostería. Escurridizamente llegué al mostrador, me paré de puntitas y agarré una pieza de galleta y corrí de regreso a donde había dejado a mi mamá.

Iba dando la vuelta por el pasillo como todo un campeón hasta que me di cuenta que el pasillo estaba vacío. ¿En donde estaba? ¿Me dejó solo? Empecé a correr pasando todos los pasillos rápidamente mirando si mi mamá estaba por ahí. Pero ya no estaba. Entré en pánico. Corrí al frente de la tienda y la vi antes de que saliera del edificio.

Aliviado, corrí y me tiré hacia ella, abrazándole las piernas y agarrándome de su largo abrigo. Volteé hacia arriba para ver su cara, para mi sorpresa el abrigo era el correcto pero la persona no. Entré en pánico de nuevo, y esta vez en completo miedo empecé a correr por toda la tienda gritando “¡Mamá!” tan fuerte como podía. La gente se me quedaba viendo perpleja mientras yo continuaba gritando. Finalmente vi a mi mamá, había ido a la oficina del gerente para tratar de buscarme, pero en eso me escucho gritando. Corrí hacía sus brazos y me sentí seguro y confiado de estar en donde se suponía que yo debía de estar.

Pienso que muchas veces en nuestras vidas, vivimos tentados a salirnos de lugares en donde sabemos que debemos estar, para tratar de alcanzar algo que pensamos que queremos. Pero, como yo en el supermercado, a menudo nuestra búsqueda por esas cosas nos deja separados de la relación que nos brinda confianza, seguridad y amor, nuestra relación con Dios. Una vez que sentimos esa separación, desesperadamente tratamos de buscar resolución a ese sentimiento que tenemos de reconexión.

Pero en nuestro divagar, nos encontramos corriendo hacia cosas que pensamos tienen una semblanza con la vida que teníamos con Dios. Cosas que creemos nos traerán amor, paz, gozo (y todos los demás frutos del Espíritu). Un día, mirarás hacía arriba y te darás cuenta que lo que empezaste a abrazar, no es en realidad para nada lo queesperabas. Cuando nos damos cuenta que lo que necesitamos es reconectarnos con Dios, eso nos permite clamar a Él de la forma que necesitamos.

Proverbios 18:10 NTV dice;

El nombre del Señor es una fortaleza firme;
los justos corren a él y quedan a salvo.

El nombre del Señor es una Fortaleza firme, solo con llamar Su nombre nos trae seguridad. Tal vez hoy puede ser el día en el que paras de aferrarte a las sustituciones temporales por lo que realmente necesitas y llamas a Dios por Su nombre. Déjalo ir, llama Su nombre, y corre hacia Él. La segunda mitad del versículo dice que el justo corre a Él y es seguro. En Sus brazos los sentimientos de miedo y ansiedad pueden ser remplazados por paz y amor, y tu te puedes sentir seguro como un pequeño niño que encontró a su mamá en el supermercado.

Para lo que haces hoy, llama a Dios por Su nombre y corre hacia Él.

-Greg Hartmann